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El Laboratorio de los Gigantes

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El gigante guardián por fin se había ido. Ahora tendría algún tiempo para organizar sus ideas. No sabía como había llegado allí, ni siquiera se acordaba de su nombre. Tampoco había rastro de los informes de la misión para darle una idea de dónde se encontraba. Seguramente la bio-vaina en la que viajaba calculó mal el aterrizaje y se había golpeado la cabeza. Posiblemente los cálculos no tuvieron en cuenta la gravedad.

El planeta parecía tener una gravedad muy superior a la que esperaba. Por mucho que se esforzaba no podía levantarse. Sus piernas no podían soportar el peso de su cuerpo, que ahora yacía casi desnudo en la celda. Incluso girarse o levantar la cabeza suponían un esfuerzo tremendo para él. Quizás durante la hibernación en la bio-vaina no habían funcionado los sistemas electro-estimuladores… pero eso no podía ser. Era el planeta. Seguramente los científicos habrían calculado mal la densidad de su núcleo y estimaron una gravedad menor.

De todas formas, debía aprovechar la situación en la que estaba. Aunque en condiciones normales lo hubiese considerado un inconveniente, dada su limitada movilidad en este planeta, se sentía casi afortunado. Seguramente los gigantes le habían encontrado aún inconsciente tras el accidentado aterrizaje. La bio-vaina debía seguir en algún lugar, no muy lejos del donde estaba preso. Cuando consiguiese escapar, la encontraría para poder volver a su planeta.

El gigante guardián entró de nuevo por la puerta de la celda. Era unas 5 veces más grande que él. Los brazos parecían enormes tentáculos y sus dedos eran grotescamente largos y terminados en unas garras afiladas y resplandecientes. A veces este gigante venía aún con sus garras cubiertas de sangre seca de algún animal que hubiese comido… o diseccionado. ¿Qué tipo de animales habría en este planeta? A juzgar por el tamaño de los gigantes, debían ser enormes. Había sido mandado a este planeta para explorarlo, y la fauna era un aspecto que no debía olvidar.

El gigante cogió al explorador y lo sacó fuera de la celda. Su fuerza era descomunal. No sólo podían andar y moverse en esa terrible gravedad que generaba el planeta, sino que además podía llevar al explorador de un lado a otro para hacer con él los experimento que quisiera. ¿Donde irían esta vez? En estos días, desde que recobró la consciencia, había sido víctima de numerosas pruebas en e laboratorio. Aunque los gigantes parecían burdos y tecnológicamente atrasados, parecían tener cierto afán por experimentar con nuevas formas de vida.

Quizás estaban investigando si era comestible, pues en varias ocasiones tanto el guardián como el soldado habían olido al explorador de cerca. De momento seguía con vida y esperaba que simplemente estuviesen interesados en él como una nueva forma de vida más. A veces intentaban comunicarse con él, pero no entendía el lenguaje que utilizaban. Los gigantes, además de hablar entre sí con sonidos guturales extremadamente fuertes, utilizaban otro tipo de lenguaje con el explorador. Quizás era un idioma alienígena que utilizaban para comunicarse con formas de vida extrañas, pero él no lo reconocía. Parecía simple, lleno de sonidos toscos y repetitivos. Definitivamente no era uno de los lenguajes en los que había sido entrenado durante su viaje en la bio-vaina.

El gigante guardián le llevó a una habitación enorme, con los techos totalmente blancos y a una altura que ni siquiera podía calcular. Le puso sobre una camilla y puso en su boca un bidón con un líquido viscoso, similar al que ya le había dado los días anteriores. ¿Era esto lo que comían los gigantes de este planeta? Él aún no se había acostumbrado. No podía digerirlo bien y tenía continuas molestias en el estomago durante varias horas. Por lo menos, no era tóxico y aún seguía con vida. ¿Sería un experimento más? ¿Habría mezclado algún compuesto en el bidón para ver su reacción en el organismo? Esperaba que no, aunque no tenía ninguna opción. El gigante guardián era muy concienzudo con sus tareas, y este tipo de experimentos era una de ellas.

Cuando hubo terminado gran parte del bidón, el gigante lo llevó de nuevo a su celda y se fue. Tenía que ejercitar sus músculos. Si no podía levantarse no podría escapar. Empezó a mover sus piernas y sus brazos. Giró sobre sí mismo varias veces. Cada vez era más fácil y sentía que día tras día empezaba a acostumbrarse a la gravedad. Pronto debería empezar a pensar en un plan de huida.

Sería fácil escapar del gigante guardián. Pese a su tamaño, no parecía agresivo. Sin embargo, el gigante soldado era mucho más temible. Salía a cazar por las mañanas todos los días y volvía horas más tarde. Tenía los brazos cubiertos de pelo negro para protegerse de la radiación que llegaba al planeta y sus manos eran duras como la piedra. También tenía en su cara unas espinas duras y afiladas que le servían de protección, seguramente, contra los animales del exterior o en sus luchas con otros gigantes. Recordaba que una vez el gigante soldado había intentado morderle. Seguramente para comprobar si era comestible. Había sentido el punzante dolor de esas espinas clavándose en su piel. Tendría que tener cuidado con él cuando trazase un plan de huida.

Estaba sumido en estos pensamientos cuando un golpe seco le devolvió a la realidad. El soldado había regresado. Escuchó como intercambiaba unos gruñidos incomprensibles con el guardián tras la fuera de su celda. Era realmente temible… Los pasos parecían venir hacia la celda y el explorador se sobresaltó. Una vez más venía hacia él… ¿Vendría a devorarle? ¿Habrían llegado ya a alguna conclusión después de tantos estudios y experimentos? La puerta se abrió y sintió como el pánico se apoderaba de él.

El gigante soldado entró en la celda y avanzó hacia él. Cada vez que lo veía le parecía más amenazador. El gigante se acercó al explorador mostrando sus enormes dientes. ¡Tenía que salir de allí! ¡Debía pensar un plan de emergencia o sería demasiado tarde! De repente el gigante empezó a gritarle. Parecía excitado, nervioso. No paraba de repetir una y otra vez el mismo sonido en ese lenguaje alienígena que utilizaban con él. Miró a todas partes. No tenía escapatoria. La cabeza del gigante estaba cada vez más cerca de él. No podía moverse, correr, escapar. El gigante seguía repitiendo los mismos sonidos una y otra vez. ¿Sería un nuevo experimento? ¿Estaba interrogándole? ¿Intentaban sacarle información de su planeta? ¿De la bio-vaina?

El explorador, en un momento de pánico y con las púas afiladas del gigante casi al alcance de su mano, abrió la boca y de su garganta salió la palabra que el gigante repetía una y otra vez en idioma alienígena:

– ¿P…? ¿Pa…? ¿Pa-Pa?

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Categorías:relatos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 11/09/2009 en 10:43 pm

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