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Azul (II): El Ilios

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II – El Ilios

– ¡Venga chaval, que hoy vas a estrenarte! – Dijo Oojit mientras hacía pasar a Rajesh en la sala de operaciones tácticas. Toda la unidad estaba movilizada. Esta vez no era un simulacro y la alarma parecía seria. Todos los mandos superiores estaban allí.

– Señores, -dijo el oficial de más alto rango- nuestros servicios de inteligencia han detectado que el grupo terrorista Veritas ha puesto en marcha una nueva operación. Según nuestras informaciones, ellos llaman a la operación: Ilios. No sabemos quienes son, como la piensan llevar a cabo ni con qué medios cuentan. Lo único que hemos podido sacar en claro es que van a utilizar sólo una persona y que su objetivo es inutilizar los servidores de GlobalNet. En estos momentos les estamos enviándoles el informe de la misión.

Rajesh estaba al final de la sala y abrió la documentación en cuanto llegó a su buzón de alta seguridad. No había muchos más datos de los que daba el oficial. Miró a su alrededor y vio una nube de nombres y números de identificación tan densa que casi no le dejaban ver el fondo de la sala. Demasiados. Desconectó el identificador de personal y buscó información en GlobalNet sobre Ilios. Las únicas referencias que había a ese nombre eran de la Iliada de Homero y algunos textos antiguos.

– Pensamos que, dado el nombre de la operación, el objetivo pueda ser un troyano o actuar como tal. -El oficial continuaba con el informe táctico.- Tenemos que buscar en las inmediaciones de los servidores centrales, ya que estos han sido el objetivo de sus últimos ataques. Registrad a todo el personal del edificio: secretarias, técnicos, personal de limpieza, visitas… Identificad a toda persona que esté a menos de 50 kilómetros del edificio. No podemos permitir que GlobalNet caiga. Nuestro país y el mundo entero dependen de que GlobalNet siga funcionando.

– No te hagas ilusiones, héroe. Tú no vas a entrar en acción hoy, aún estás de prácticas. – Dijo Oojit a Rajesh con un tono de paternalismo mientras le miraba desde arriba. Le sacaba dos cabezas y 15 años en el cuerpo. Le habían asignado como su tutor en la unidad y aún le quedaba otro mes más para poder patrullar por su cuenta. Durante estas semanas Oojit había sido más que un tutor para Rajesh, casi como uno más de sus hermanos mayores. Era completamente calvo, pero su poblada barba le daba un aspecto aún más temible si no se le conocía.

– Señores. Esperamos lo mejor de vosotros. Nosotros y el mundo entero. ¡Suerte!

La reunión terminó y una marea de agentes se agolpaba para salir de la sala. Mientras salían por la puerta, Rajesh recibió su destino junto al de Oojit. Abrió el gadget geolocalizador y vio que estaba muy alejado de donde iba a estar la acción. A más de 40 kilómetros del edificio de servidores de GlobalNet, ¡casi fuera de la ciudad! ¿Para qué iba a molestarse en cargar con el rifle si no iba a encontrar a nadie? Quizás algún ludita tomando el sol o haciendo ruido, pero si iba a haber un sabotaje no iba a producirse allí. Aún así, estaba excitado. Era su primera misión. Era la primera vez que estaba en la sala de operaciones tácticas. La primera vez que estaba en una misión real. Aunque su papel fuera a ser ridículo, no le importaba. Era su bautismo de fuego..

En menos de media hora Oojit y Rajesh llegaron a la zona que tenían asignada. Era aún peor de lo que esperaba. Estaban en una de las zonas industriales abandonadas después de la tercera guerra, a finales del siglo pasado. Ahora sólo vivían allí ratas, gatos enfermos y luditas.

– Chaval, vamos a ver si cubrimos pronto esta zona y pasamos a la siguiente -dijo Oojit mientras contemplaba los edificios abandonados que se extendían en todas direcciones-. No tendrás ningún problema si nos separamos, ¿verdad? -Miró a Rajesh con un gesto serio-. Recuerda lo que te he enseñado estas semanas y utiliza tu rifle si es necesario, estamos en una situación de alerta global. Y recuerda que estaré monitorizándote por si necesitas ayuda.

– Gracias Oojit. No hay problema. -Rajesh se puso el casco reglamentario y desenfundó el rifle-. Señala mi zona en el geolocalizador y acabemos de una vez.

Rajesh estaba acostumbrado a que le monitorizasen. Era el menos de 7 hermanos y siempre había tenido a alguien que cuidase de él. Todos sus hermanos habían tenido acceso a su localización, lo cual había provocado no pocos enfrentamientos entre ellos. Quizás por eso había entrado en la policía, para demostrarse a sí mismo que no necesitaba que nadie cuidase de él.

La primera media hora fue mortalmente aburrida. En el distrito sólo había un poblado de chavolas hechas con los deshechos de las fábricas cercanas. El aire estaba lleno de polvo y de vez en cuando una ráfaga de viento levantaba pequeños torbellinos que hacían el paisaje aún más desolado.

No tuvo ningún problema en identificar a las familias que vivían allí en los alrededores. Incluso los luditas tenían que registrarse al nacer. A lo que no acababa de acostumbrarse es a que no apareciesen en su geolocalizador. Era como si no pudiese ver el reflejo de alguien el espejo sabiendo que estaba allí.

Rajesh abrió un canal de comunicación textual con Oojit:

Oojit, casi he terminado mi zona. Un par de callejones más y vuelvo al coche.

– Muy bien. Yo ya he terminado. Me muevo a la siguiente zona. Queda cerca de donde estás. Te mando la localización y acude directamente.

– Recibido. Acabo y voy para allá.

Su primera misión estaba siendo algo frustrante. ¿Habrían tenido más suerte las unidades del centro de la ciudad? Estaba seguro de que sí. Veritas era un grupo terrorista ludita. ¿Cómo podían pensar tener alguna posibilidad? En un par de horas habrán neutralizado la amenaza, como siempre. Si Rajesh no podía entender por qué los luditas no querían ser aumentados y llevar un BlueChip, todavía entendía menos por qué los terroristas querían acabar con los servidores de GlobalNet. Si ellos querían ser luditas, perfecto. Pero ¿Por qué forzar a toda la humanidad a desconectarse? O a liberarse, como ellos lo llaman…

– ¡POLICIA! ¡SOCORRO! – Un mendigo se acercaba a Rajesh. Seguramente había estado durmiendo en uno de los callejones tras drogarse con los alucinógenos que los luditas vendían. Rajesh consultó su gadget de identificación.

IDENTIFICACION: SAMIR-727635144273-F. ANTECEDENTES: NINGUNO. ESTADO: CASADO. PROFESION: AGENTE COMERCIAL. NIVEL DE AMENAZA: MINIMO.

– Por favor, quédese donde está. Estamos en una situación de amenaza terrorista. – Dijo Rajesh mientras levantaba su rifle.

– ¡Tiene que ayudarme! ¡Me han secuestrado!

– Por favor, no se acerque o tendré que neutralizarle. -Siguió el protocolo que Oojit le había enseñado y conectó el gadget de su rifle de asalto listo para disparar.

– ¿Pero qué coño haces? -El hombre le miró con una expresión entre asombro e indignación.- ¡Te estoy diciendo que me han secuestrado! Por favor, tienes que llevarme al centro… -El mendigo no escuchaba las órdenes y seguía caminando hacia él.

Al centro… ¿Podría ser este individuo el Ilios? Al fin y al cabo, buscaban a alguien que se infiltrase en los servidores, y allí es donde parece que quiere ir. Era demasiado patético, pero estaban en una situación de alerta global. Todos eran sospechosos y cualquiera podría ser el Ilios. Bajó ligeramente su rifle y mediante su BlueChip le mandó una señal para que hiciese un disparo de advertencia. Lejos de lo que esperaba que sucediese, el rifle en lugar de disparar despidió un zumbido eléctrico y un destello que le cegó temporalmente tirándole hacia atrás.

¿Qué ha sido eso? ¿Un pulso electromagnético? Pero si están prohibidos… ¡Pues claro! Eso podría inutilizar los servidores si llegaba a acercarse lo suficiente y era totalmente indetectable. Un escalofrío le recorrió la espalda con un sudor frío. Tenía que avisar a Oojit, pero ¿dónde se había metido el sospechoso? No aparecía en el geolocalizador. ¿El mendigo era un ludita? Se levantó de un salto y salió corriendo por el único callejón por donde se podía haber escapado, intentando que las piernas no le temblasen y sostuvieran su peso, pero las calles no coincidían con lo que veía en el mapa. El sudor le caía por dentro del casco hasta la frente cubriéndole la cara. Los muros de las fábricas se abrían creando pasadizos y las calles estaban cerradas con barricadas y nuevos muros que no existían en el mapa que Rajesh estaba viendo a través de su BlueChip.

Rajesh respiró profundamente intentando recuperar la calma y envió una alarma a Oojit, quien apareció a los pocos minutos.

– ¡Vaya, vaya, chaval! -la cara de Oojit estaba llena de orgullo-. ¡Tienes un sospechoso! No sé si es realmente el Ilios, pero algo es algo. No te preocupes, ahora vienen los refuerzos. -Frunció el ceño y su mandíbula se cerró con fuerza, marcando su barba y dándole el aspecto de un animal salvaje-. No podrá salir de aquí… Es un ludita.

Azul (III): Luditas

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Categorías:relatos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 21/09/2009 en 10:11 pm
  2. 16/09/2009 en 10:53 pm

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