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Azul (V): Libre


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V- Libre

A través de la puerta de la cocina Samir pudo ver la silueta de un hombre anciano, delgado y de poco más de metro y medio. Al acercarse pudo distinguir su cara llena de arrugas y una gran nariz que soportaba unas gafas de pasta negra enormes.

– ¿Cómo puedes verme? Los policías no pudieron. -Samir estaba confundido. Esperaba una entrada silenciosa sin ser visto y ese viejo le había sorprendido como a un niño pequeño.

– Lo policías son unos inútiles. No ven más que lo que les dice GlobalNet. Que hayas llegado hasta aquí es la prueba de ello.

– Así que usted tampoco tiene…

– ¿El qué? ¿El BlueChip? Te sorprendería saber que hace mucho tiempo, hace mucho tiempo, yo mismo participé en el desarrollo de los primeros BlueChips. -El doctor carraspeó y tuvo que apoyarse en la mesa para no caer al suelo.

– He venido porque…

– Toma esto -Manoj le tiró a Samir una vieja camisa que colgaba de una silla-. Vístete y pasa al salón. Necesito sentarme.

Samir siguió al doctor Manoj mientras éste iba andando a trompicones apoyándose en las paredes de la casa hasta llegar a un salón de estilo victoriano. La casa estaba llena de antigüedades. Una televisión de plana, varios teléfonos móviles y por cable, ordenadores portátiles, varios módems de fibra óptica… Incluso había algunos de ellos que no pudo identificar. La casa entera era un museo.

Manoj llegó por fin a uno de los sillones cerca de la chimenea que había en el centro de la pared principal y se sentó.

– Entonces, dime hijo -Manoj parecía haber recobrado el aliento-. ¿Qué es lo que te preocupa?

– Zhurmee me dijo que usted podía ayudarme.

– Zhurmee… Ah, sí. Me dijo que vendrías.

– ¿Cómo pudo hacerlo? He venido corriendo por las pasarelas. No creo que sea posible venir antes a pie.

– Los luditas tenemos nuestras propias vías de comunicación. Así que dime, ¿Qué es exactamente lo que te pasa?

– Unos luditas me secuestraron y me hicieron algo en el BlueChip. Ahora es un emisor de pulsos electromagnéticos y la policía viene a por mí porque piensan que soy un terrorista.

– ¿Pulsos electromagnéticos, eh? Déjame ver eso… -Samir de acercó al sillón del doctor y le mostró la cicatriz que tenía en la nuca.- Seguramente habrán conectado la batería del BlueChip a una micro-bobina o algún otro emisor de campos electromagnéticos. La buena noticia es que, en lugar de 250 años, tu BlueChip sólo duraría unos 20 emitiendo pulsos a esa potencia.

– ¿Y la mala? -Aunque no parecía ser una buena noticia, Samir ni siquiera quería imaginar la mala.

– La mala es que no parece que haya manera de volver a conectarlo.

– Pero Zhurmee me dijo… -Samir empezaba a desesperarse. ¿Todo este camino para nada?

– Zhurmee… -Manoj volvió su cara al fuego de la chimenea con la mirada perdida-. ¿Estás seguro de que quieres que intente volver a conectarlo? Puede que no vuelvas a ver o a despertarte.

– ¿Que si estoy seguro?

– Además, ahora sabes lo que es estar liberado. Puedes aprender, ver lo que ellos no ven, soñar, imaginar…

– Pero mi familia… Quiero volver con mi familia, a mi trabajo, a mi vida normal.

– Nada volverá a ser lo que era antes, y lo sabes. Lo he visto antes y siempre es así.

– ¿Lo ha visto antes? ¿No soy el primero?

– Tras crear GlobalNet y las primeras subvenciones de los gobiernos para aumentar a la población, hace ya más de 60 años, yo y unos poco miembros más del equipo de desarrollo de BlueChip pensábamos que eso originaría un desequilibrio demasiado grande entre países desarrollados y subdesarrollados. La brecha económica se convertiría en una brecha casi evolutiva.

– Pero ahora todo el mundo tiene acceso al BlueChip.

– Sí, gracias a nosotros, en parte. Nosotros fundamos los primeros grupos de cooperación tecnológica. Fuimos alrededor del planeta aumentando a niños y jóvenes de todo el tercer mundo. Pero no siempre estaban contentos con el resultado…

– ¿Cómo es posible? Gracias a eso pueden sobrevivir.

– Te equivocas. La humanidad ha sobrevivido durante siglos sin BlueChip ni GlobalNet. Y lo que es aún más importante: la humanidad ha dejado de avanzar, por culpa de GlobalNet.

– Eso no es verdad, no puede ser verdad. Tenemos todo lo que queremos, no nos falta nada…

– Eso no quiere decir que hayamos avanzado en los últimos 50 años. Los aumentados sólo conocen lo que ya hay en GlobalNet. No crean, no inventan, no diseñan nada nuevo. Las únicas ideas nuevas vienen de los luditas, los marginados de la sociedad.

– No… -Samir estaba confuso. No podía creer lo que el viejo estaba diciéndole.

– Ahora tienes dos opciones: volver a ser el que eras antes, sabiendo que vives atrapado voluntariamente en una burbuja de la que no puedes salir, o desactivar tu BlueChip definitivamente y ser un ludita el resto de tu vida.

– Shanti, Usha…-a Samir se le hizo un nudo en la garganta-. No puedo. Quiero volver a ver a mi familia. Quiero volver a ver a mi hija. ¡Vuelve a conectarme!

– Es tu elección. Pero tengo que advertirte que no es fácil -Manoj parecía saber la respuesta antes de que hubiese salido por su boca-. Tendré que ponerte anestesia para evitar que te muevas y dañar la médula y el nervio óptico. No puedo utilizar herramientas modernas y no puedo garantizarte que funcione.

– Haga lo que necesite, doctor. Estoy en sus manos.

Manoj condujo a Samir a una sala con una pequeña camilla y algunos instrumentos primitivos de medicina.

– Aquí es donde me hacen a mi las reparaciones -dijo con cierto sarcasmo Manoj.- Túmbate y respira por esta mascarilla. Veamos si aún sigo teniendo las manos de hace unos años.

Samir aspiró el gas que salía por la mascarilla. Pronto comenzó a sentirse mareado y débil. Sus ojos se estaban cerrando. Tumbado sobre la camilla, sin poder moverse, le pareció oír unas voces en el pasillo de la casa, o quizás era la anestesia…

Un fogonazo azul le despertó. Tenía lo ojos cerrados, pero la luz azul que veía en el interior de su cabeza le hizo intentar cerrarlos aún con más fuerza.

– ¿Está ya conectado? -Había alguien más en la sala, pero Samir no podía concentrarse. El destello azul era demasiado intenso.

– Está iniciándose. Pronto estará conectado y podrán acceder a él toda la policía y sus contactos.

Samir intentó llevarse las manos a la cabeza pero estaban atadas a la camilla. Pronto tuvo la impresión de que había sido atrapado de nuevo.

– Tranquilo. No luches, Samir -Era el Doctor quien le hablaba con tono tranquilo.- Era necesario. Tenías que atraer a la policía para que fuesen ellos quienes extendiesen el virus. Ellos son los únicos que pueden acceder a toda la población si restricciones. Te has convertido en un verdadero caballo de Troya. Gracias a ti, la humanidad puede continuar avanzando…

Samir dejó escapar un grito de desesperación. Se sentía engañado, indefenso, utilizado… El destello cesó. En su lugar un sin fin de agentes de policía que le habían localizado nada más aparecer de nuevo en la red comenzaron a ponerse en contacto con él y a aparecer en su cabeza. Entre la maraña de gente pudo reconocer también de forma fugaz a su Shanti, a Usha, a su jefe, a sus primos y a su hermano. De repente, todo desapareció. El destello, la gente… Nada. Sólo las voces de fondo de cuatro o cinco personas rodeándole y una risa muy característica que ya había oído en otra ocasión, cuando estaba atado en otra camilla después del accidente.

***

Rajesh abrió los ojos con una sensación extraña. Era de día, y la luz entraba por la ventana de su habitación. No se había despertado a la hora que debía, llegaba tarde, y tenía la sensación de haber estado corriendo toda la noche. Sabía que debía reincorporarse a su unidad para cubrir el turno del equipo de búsqueda, pero algo extraño estaba pasando en la calle. Había multitud de voces y un alboroto generalizado.

Salió de la cama de un salto y de asomó por la ventana. En el exterior vio una marea de gente hablando entre ellos, muchos de ellos aún en pijama. Algunos no paraban de mirar hacia arriba. Entonces Rajesh alzó la vista y vio el cielo de un color que nunca antes recordaba haber visto.

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