Inicio > relatos > EL Cofre (I): El Fragmento Falso

EL Cofre (I): El Fragmento Falso

cofre

I – El Fragmento Falso

El Dr. Omer Eskicioglu estaba terminando de limpiar otro de los fragmentos de la temporada de excavaciones de este año. Se trataba de un trozo de vasija de barro de unos 7600 años de antigüedad, del final de la era glaciar que produjo la apertura del Bósforo e inundó el mar negro con agua del mediterráneo. Lamentablemente, tampoco este contenía lo que el doctor estaba buscando.

Lo dejó sobre la mesa, se quitó las gafas y se frotó los ojos recostándose en el respaldo de su silla. Los cerró por un momento y pudo escuchar la lluvia que sonaba en los cristales de su despacho de la universidad norteña de Ordu, en Turquía. Era catedrático en arqueología de esta universidad desde hacía ya 20 años, y su departamento era el que más presupuesto tenía, superando al de ingeniería, medicina y arquitectura. Gracias a sus artículos publicados en congresos internacionales acerca de las runas proto-lingüísticas y cuneiformes encontradas en la cuenca sumergida del mar negro había conseguido numerosas subvenciones que le permitían poder salir con varios barcos en verano para recoger más muestras con alumnos suyos.

En estos 20 últimos años de investigación apenas había conseguido reunir 5 ó 6 fragmentos que realmente mereciesen la pena desde el punto de vista académico, sin embargo cada uno de ellos había constituido un paso más hacia la identificación de lo que el llamaba “el idioma de Adán”. La primera forma de proto-escritura que, según sus investigaciones, parecía provenir de la zona sumergida del mar negro y que más adelante dio origen a los diferentes alfabetos escritos del mundo.

Echó la cabeza hacia atrás y comenzó a hacer giros con el cuello para descargar la tensión de estar todo el día mirando a través de las lentes de aumento. Su despacho era también uno de los más avanzados de la universidad. Tenía una pared cubierta con pantallas en las que se podían ver numerosos escritos que había digitalizado utilizando cámaras infrarrojas, ultravioleta, detalles a nivel microscópico de los grabados… y debajo de ellas una larga bancada en la que se esparcían los restos con los que estaba trabajando debajo de numerosas lentes, cámaras, microscopios y lámparas.

Eran ya las 8 de la tarde, pero en octubre ya comenzaba a anochecer pronto. Esto, unido al comienzo de la temporada de lluvias, que iba de Septiembre a Junio del año siguiente, hacían que su despacho pareciese un sitio agradable en comparación con el exterior. Decidió darle a la muestra una capa más de abrasivo para hacer su trabajo más fácil mañana por la mañana y fue a mirar su correo por última vez.

Además de un par de emails de alumnos preguntando por los horarios de prácticas y la invitación a un congreso nacional en el este del país, Omer vio un email que le llamó la atención:

De: f.roux@esa.eu

Para: Omer.eskicioglu@ordu.edu.tr

Asunto: Invitación a proyecto

Estimado Dr. Omer Eskicioglu,

Mi nombre es Francesc Roux. Me gustaría poder ponerme en contacto con usted para proponerle una colaboración que esperamos sea provechosa para ambas partes. Se trata de la investigación de un idioma en el que esperamos que pueda ayudarnos.

El Dr. Fatih Turkoglu de la Middle East Technical University nos ha comunicado que podemos contar con su discreción en este asunto y nos ha remitido a usted en este caso, ya que, según él, es usted quien mejor conoce las lenguas muertas cuneiformes y rúnicas.

Estamos a la espera de su respuesta para poder hablar de los detalles sobre su incorporación en nuestro equipo de investigación.

Reciba un cordial saludo,

–Francesc Roux.

– Seguramente se tratará de nuevo de uno de esos proyectos europeos para excavar en la desembocadura del Danubio. Malditos políticos… Les diré que estoy en un momento delicado de mi investigación y me desharé de ellos-. El Dr. Omer respondió al email de la forma más educada que pudo y se fue a su apartamento a dormir hasta el día siguiente.

A las 8 de la mañana el Dr. Omer estaba ya entrando por al puerta de su despacho encendiendo los monitores y abriendo las persianas. Para un día que salía el sol, no debía despreciar la luz natural. Encendió su ordenador y se fue a por un café a la máquina del despacho. Cuando volvió encontró en la bandeja de entrada de su buzón un nuevo email similar al de la noche anterior.

De: f.roux@esa.eu

Para: Omer.eskicioglu@ordu.edu.tr

Asunto: Fw: Fw: Invitación a proyecto

Estimado Dr. Omer Eskicioglu,

Entendemos que está pasando por un momento intenso de trabajo en su investigación. Sin embargo, esperamos que la muestra que le mandamos en el adjunto le haga cambiar de opinión y reconsidere su participación en nuestro proyecto.

Atentamente,

–Francesc Roux.

El Dr. Omer abrió el adjunto que había en el archivo y vio tres ideogramas que no pudo reconocer, aunque le resultaban extrañamente familiares. Las formas parecían cuneiformes, similares a los grabados sumerios, pero la forma de cruzarse los trazos parecía tener más relación con la escritura proto-rúnica de Europa del este. Sin embargo, de ninguna manera podía ser real este tipo de escritura, ya que era demasiado compleja como para poder haber sido una proto-escritura. Ésta debía ser simple y describir conceptos básicos y naturales, como la numeración, elementos de la naturaleza, animales… Entonces sonó el teléfono.

-¿Dr. Omer Eskicioglu? -Dijo la voz al otro lado con un marcado acento francés.

– Sí, soy yo. ¿Quién es?

– Soy Francesc Roux, de la Agencia Espacial Europea. Creo que ya ha tenido oportunidad de examinar la muestra que le adjunto en el email.

– Sí, le he echado un vistazo y no hace falta que participe en el proyecto. Es una falsificación

– ¿Perdone? Creo que no le he entendido.

– Sí. Le comentaba que el proyecto que me proponen está basado en una falsificación. Obviamente, quien ha creado estos ideogramas tiene cierta idea de arqueología y probablemente de lenguas antiguas, pero no sabe nada de antropología ni sociología. El protolenguaje se debe caracterizar por una simplicidad implícita de los trazos asociada a los conceptos básicos que intentan transmitirse…

– Disculpe Dr. Eskicioglu. Puedo asegurarle que esta muestra que le mando es completamente auténtica.

– Eso es imposible. Es una buena falsificación, pero obviamente…

– Dr. Eskicioglu, si acepta venir a nuestro Centro Europeo de Operaciones Espaciales en Darmstadt, Alemania, le probaremos que la muestra es real.

– ¿No tengo elección, no? Usted seguirá molestándome hasta que me presente allí y les demuestre que ese trozo de piedra que tienen es falso.

– Ojala pudiese demostrárnoslo, Doctor. A media mañana vendrá un coche a recogerle a su universidad. No es necesario que traiga equipaje. SI tiene usted razón, estará de vuelta esta noche en su casa. Si no es así, tendrá oportunidad de disponer de lo que necesite, a todos los niveles.

– Estaré preparado. Me vendrá bien un día de descanso.

– Encantado de conocerle, Doctor.

– Lo mismo digo.

A las 12 un coche estaba esperando a Omer en la puerta de la universidad para llevarle hasta el aeropuerto de Samsun y volar en un vuelo privado hasta Darmstadt en poco menos de 3 horas. A media tarde llegó al edificio de operaciones espaciales de la Agencia Espacial Europea. Allí le estaba esperando un técnico que le hizo pasar a una sala de reuniones con una gran mesa con botellas de agua y una pantalla enorme en la pared en la que se proyectaba el logotipo de la ESA.

A los cinco minutos aparecieron por la puerta de cristal tres hombres trajeados. El primero de ellos se adelantó y le tendió la mano al doctor:

– ¿Dr. Omer Eskicioglu? Nos conocimos por teléfono. Soy Francesc Roux, y ellos son el señor James Goldbart, de la NASA y el señor Isaak Isayoff, de la Agencia Espacial Rusa.

– Encantado -dijo el Dr. Omer mientras apretaba la mano de los otros dos anfitriones de la reunión.

– Por favor, doctor -dijo Francesc- tome asiento.

Todos se sentaron alrededor de la mesa de reuniones y el Dr. Omer decidió llevar la iniciativa para poder terminar cuanto antes y volver a su investigación.

– Como le comenté al señor Roux por teléfono, el fragmento que tienen ustedes es una falsificación. Obviamente, quien la hizo no ha tenido en cuenta los factores culturales de la edad de bronce…

– Señor Omer… -interrumpió Francesc.

– Perdón… doctor Omer -corrigió. Estaba acostumbrado a que sus alumnos le llamasen doctor, y como ellos y sus colegas eran las únicas personas con las que había tenido contacto en los últimos años, se sentía incómodo cuando alguien le quitaba el título.

– Lo siento mucho, doctor -continuó Francesc-. Como le dije por teléfono, le hemos hecho venir no para discutir la autenticidad de la escritura que le mandamos, sino para hablar de su incorporación al proyecto.

– Pero es obvio que esta escritura es falsa -continuó el doctor.

– Doctor Eskicioglu -Isaak se dirigió al doctor-. Lo que vamos a desvelarle en este momento es altamente confidencial, y cualquier revelación fuera de este edificio será negada y perseguida tanto a nivel personal como profesional.

– Señor Isaak -el doctor parecía indignado-. Ante todo, soy un profesional, y no es la primera vez que audito la autenticidad de un objeto para coleccionistas, museos e incluso gobiernos. Pueden tener la certeza de que guardaré la máxima discreción sobre este asunto y sobre todos los que se traten conmigo de manera profesional.

– Bien -dijo Isaak complacido-. Supongo que está al corriente de las colonias lunares y de las operaciones de extracción de minerales en la corteza lunar.

– Por supuesto. Hace 20 años ya que se están extrayendo minerales de la Luna y pronto estará a punto la lanzadera interplanetaria para colonizar Marte.

– Bien. Entonces debe estar al corriente también de los trabajos de prospección mineral en la superficie lunar. Es demasiado caro llevar materiales a la Luna, así que tenemos que obtenerlos de la propia Luna.

– ¿Qué es esto? ¿Un examen de primaria?

– Perdone doctor -continuó Francesc Roux-. El motivo por el que estemos convencidos de la autenticidad de la escritura que le enviamos es porque fue encontrada por un equipo de prospección lunar en un monolito enterrado bajo la cara oculta de la Luna.

El Dr. Omer se quedó callado durante un momento. No sabía si se trataba de una broma o de un fraude a nivel internacional. Se resistía a creer que esos tres hombres con los que estaba sentado hablasen en serio.

– Es posible que uno de los operarios haya grabado esas inscripciones en el monolito para conseguir algo. Quizás los propios colonos para llamar la atención o la compañía minera para conseguir fondos…-El Dr. Omer trataba de encontrar una explicación racional.

– Doctor -interrumpió de nuevo Isaak-, además de responsable de operaciones lunares de la Agencia Espacial Rusa, soy miembro del consejo de administración de AstroCorp, compañía que realiza la prospección. Le puedo asegurar que es imposible grabar o traspasar el monolito. El material del que está hecho es impenetrable.

– De hecho, ya no es técnicamente un monolito -dijo tímidamente James Goldwart-. Hemos excavado alrededor de la formación y tiene unos 700 metros por otros 1500 de ancho. Desconocemos su altura o profundidad, pero hemos cavado ya más de 10 metros y seguimos sin encontrar el final. Es más como una caja…

– ¡Un cofre! -Exclamó de repente el doctor-. ¡Es un cofre!

– ¿Qué ha dicho? -Francesc distinguió un signo de excitación en la cara del doctor.

– De los tres ideogramas que me mandó en el email… ¿Puede ponerlos en la pantalla?

– Claro -Los símbolos aparecieron en la pantalla sustituyendo al logo tipo de la ESA.

– Los dos primeros no sé lo que significan, pero este tercero… Es mucho más simple que los demás. Se parece al ideograma pre-sumerio de un cofre, aunque no es exactamente así. No sé si significarán lo mismo, pero el parecido…

– Un Cofre… Eso podría explicar la inaccesibilidad de la estructura -Isaak puso su mano en el mentón mientras pensaba.

– Entonces, doctor, ¿Está con nosotros? -Preguntó Francesc.

– Bueno, no sé si con estos tres símbolos podrán ustedes tener información suficiente como para acceder a su interior.

– ¿Quién ha dicho que sólo haya tres? -Francesc sonrió y pudo ver como la cara del doctor relucía de asombro.

– Sólo díganos qué es lo que necesita para trabajar en nuestras instalaciones y le prepararemos todo el equipo necesario -le dijo James al doctor-. También contaremos con el personal de campo de las instalaciones lunares. Ellos pueden mandarnos los resultado de los análisis que les ordenemos.

Francesc de levantó de su silla y le tendió de nuevo la mano al doctor.

– Bienvenido abordo, doctor.

El Cofre (II): La Piedra Rosetta

Anuncios
Categorías:relatos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 30/09/2009 en 8:37 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: