Inicio > relatos > El Cofre (III): El Tesoro

El Cofre (III): El Tesoro

cofre

Anteriormente: El Cofre (II): La Piedra Rosetta

III – El Tesoro

Isaak estaba al teléfono desde que llegó a su habitación. Le escocían los ojos y tenía un terrible dolor de cabeza. El móvil estaba tan caliente que tenía que cambiárselo de oreja de vez en cuando porque llegaba a ser molesto.

– Entiendo -dijo en ruso sentado en su cama y con la mano libre sostenido su frente-. Le comunicaré las instrucciones a nuestro equipo de prospección. No creo que haya ningún problema, siempre y cuando nuestros socios no se enteren antes de tiempo de lo que queremos hacer. ¿Podéis crearme una conexión segura con nuestro enlace en campo? No me fío de las comunicaciones del centro -Isaak esperó unos segundos la respuesta-. Perfecto. Pásenme directamente el canal de comunicación.

– Al habla Frank Ibrahinovic, del quipo de prospección y análisis de…

– ¡Ibrahinovic! -Isaak le interrumpió con impaciencia-. Le habla Isaak Isayoff -dijo en ruso.

– A sus órdenes, señor Isayoff -dijo con cierto nerviosismo Frank también en ruso.

– Las órdenes que le voy a dar vienen directamente del consejo de administración de Astrocorp y esperamos que las cumpla con la más absoluta discreción. ¿Ha entendido lo que le dicho?

– Afirmativo señor.

– Creemos que la superficie del monolito puede fracturarse con un láser de alta potencia. En la Agencia Espacial Rusa llevan haciendo pruebas satisfactorias con materiales similares desde hace unos años. Su tarea es utilizar uno de los láseres de prospección y abrir una vía de entrada al interior del monolito. Un equipo de la agencia se está de camino a su localización. Esperamos poder acceder a su interior antes que el resto de agencias. Por este motivo, no queremos que nadie más que nuestro equipo de prospección sepa de su nueva actividad. ¿Tiene alguna duda?

– Señor, según creo recordar… En el tratado internacional de explotación de la superficie lunar, nos vemos obligados a notificar cualquier acción…

– ¡Ibrahinovic! Creo que no tiene claro para quien trabaja usted -el tono de Isaak cambió de repente-. Si no obedece una orden directa como ésta nos veremos obligados a deportarle de nuevo a la Tierra.

– ¡Pero mi familia es de la colonia! ¡No puede usted hacer eso! En mi contrato…

– Como le he dicho, la desobediencia de una orden directa del consejo supone una falta muy grave. ¿Está dispuesto a asumir las consecuencias?

– No señor. Comenzamos enseguida a crear una apertura con el láser en la zona posterior del monolito. No creo que nadie pase por allí ahora que se han descubierto los nuevos grabados.

– ¿Qué nuevos grabados? -dijo Isaak visiblemente alterado.

– Señor… Creía que estaba al corriente -a Frank le temblaba la voz-. Acabamos de mandar un informe al equipo de operaciones lunares con los nuevos grabados que hemos encontrado…

Alguien corría en el pasillo y golpeaba una de las puertas provocando un gran alboroto. Isaak apagó el móvil y salió de su habitación para ver qué pasaba. James estaba golpeando la puerta del turco.

– ¡Doctor! ¡Levántese! ¡Creo que hemos encontrado su piedra!

El doctor salió de su habitación colocándose las gafas.

– ¡Doctor! ¡Acaba de llegar del equipo de prospección un nuevo informe! -James parecía extraordinariamente despierto, comparado con el doctor y con Isaak, que les observaba desde la otra parte del pasillo.

– Buenos días James. ¿Puedo lavarme antes la cara? Le prometo que en dos minutos estaré preparado.

El doctor regresó a su habitación sin esperar siquiera la confirmación del americano. Se lavó la cara y se miró durante unos segundos al espejo. ¿Por qué estaba haciendo todo esto? Probablemente, no podría hablar de esto tras la operación, y mucho menos publicar sus resultados. Se volvió a poner las gafas y decidió no pensar y centrarse en el reto intelectual que suponía desvelar un nuevo lenguaje.

Juntos volvieron a la sala de control, donde les esperaba Fracesc ya en su puesto.

– ¿Qué es exactamente lo que tenemos? -preguntó el doctor con una visible curiosidad.

– Como usted predijo, continuamos excavando y a las pocas horas los técnicos descubrieron en una de las esquinas nuevas inscripciones. Las tiene ya en su puesto.

El doctor se fue a su mesa y comenzó a ver las fotografías de los nuevos grabados.

– No es exactamente una piedra Rosetta… Es algo más completo. Por lo que veo parece ser una especie de explicación del lenguaje. Me llevará algo de tiempo, pero por ejemplo ¿pueden ver estos círculos? Creo que los símbolos debajo de ellos pueden ser los números del lenguaje.

– ¿Cree que el resto puede ser la clave para descifrar el lenguaje? -preguntó Francesc volviéndose en su silla.

– Bueno… Estamos hablando de un mensaje dejado por una civilización que ha llegado a la Luna y que tiene una tecnología de materiales avanzada. Creo que si dejaron un mensaje que merece la pena descifrar se asegurarían de dejar las pistas necesarias como para poder leerlo sin necesidad de conocerlo. Tengo ciertas esperanzas.

– ¿Puedo ayudarle en algo, doctor? -James parecía más excitado aún que el doctor.

– Puede ser. Quédese por aquí. Es posible que necesite compartir mis notas con usted.

Durante las siguientes horas el doctor estuvo trabajando, con la ayuda de varios cafés, en los nuevos símbolos. De vez en cuando James colaboraba con él y, aunque no tenía conocimientos en lenguas antiguas, su mente lógica hacía que los progresos fueran rápidos. Estaban todos tan concentrados que no se dieron cuenta de que Isaak había salido de la sala hacía unos minutos.

– Señor Isayoff, el equipo de la agencia acaba de llegar -Frank parecía de nuevo nervioso al teléfono, como un niño que espera un castigo de su padre.

– Perfecto -contestó en ruso Isaak-. ¿Qué efecto tiene el láser en la superficie del monolito?

– Soprendentemente efectiva señor. Según los técnicos de campo, parece que el calor excita los átomos y las fuerzas que mantienen unidas las moléculas entre sí de debilitan. Estamos creando una entrada de dos por dos metros.

– A partir de este momento el oficial de la agencia está al mando de esta operación. Indíquele los detalles y manténgale al corriente de la situación en todo momento. Es dispensable que nadie ajeno a nuestra operación sea consciente de ella.

– Entendido señor.

Isaak colgó su móvil y volvió a entrar en la sala de control. Todos estaban alrededor de la mesa del doctor. Él también se acercó para ver qué es lo que era.

– ¿Alguna novedad? -dijo mientras llegaba a la altura de Francesc.

– Parece que el profesor ha conseguido descifrar la mayoría de los símbolos.

– Bueno… -el doctor no paraba de mover sus manos sobre la mesa, girando y comparando los símbolos y las nuevas inscripciones-. Parece que tenemos la mayor parte del texto descifrado, aunque aún hay algunas ambigüedades que hay que resolver para conocer su verdadero significado.

– ¿Cómo es posible que haya descifrado todo el texto? -Isaak estaba entre la excitación y la preocupación. Si los europeos y los americanos conseguían acceder al interior del  cofre antes que ellos, no tendrían la ventaja de conocer la tecnología con anterioridad e incluso esconder algunas piezas clave que les diesen ventajas estratégicas a nivel mundial.

– Los nuevos símbolos contienen los meta-ideogramas de los que están formados los símbolos del mensaje principal. Es sorprendente la similitud de estos meta-ideogramas con la escritura cuneiforme conocida, aunque la gramática y la forma de crear los caracteres es totalmente diferente. Parece que sólo sobrevivieron estos meta-ideogramas y el resto de la cultura se olvidó o desapareció…

– Bueno doctor, -dijo Isaak nervioso- ¿podría decirnos qué es lo que dice el mensaje?

– He logrado descifrar lo siguiente:

Abandonamos en este cofre del tiempo el conocimiento que ha dormido a nuestro pueblo, para que nuestros hijos no conozcan el sufrimiento de la fuerza invisible. Volvemos a la vida de nuestros abuelos, olvidamos nuestros libros y ciudades y abrazamos la naturaleza que nos creó.

– ¿Qué significa? -Francesc estaba confuso-. ¿Cofre del tiempo? ¿Un pueblo dormido? ¿Fuerza invisible?

– El contexto es muy importante -continuó James, que había estado ayudando al doctor durante todo este tiempo-. Hemos conseguido resolver la mayoría de las ambigüedades, pero aún estamos trabajando en algunas de ellas.

– ¿Qué puede ser esa fuerza invisible? -Isaak estaba algo perplejo. El mensaje no era lo que él estaba esperando. No había nada que desvelase cómo abrir el cofre o cómo hacer funcionar una posible máquina del tiempo que hubiese en su interior.

– Según cuentan en su mensaje, – el doctor intentó poner algo de orden entre la gente que se agolpaba alrededor de su mesa- parece que esta civilización quiso abandonar algo dentro de esta estructura. Quizás por eso estaba escondida en la cara oculta de la Luna y hecho de un material que refleja todo espectro, lo que lo hace prácticamente indetectable.

– Puede ser una tecnología que estuvo a punto de destruirles… -James se unió a las divagaciones del doctor-. Puede que la gente muriera debido a ella o que no pudieran controlar las implicaciones de usarla.

Estaban todos aún intentando adivinar el significado del mensaje cuando las alarmas comenzaron a sonar en la sala de control. Francesc volvió a su puesto e intentó contactar con el equipo de operaciones durante un par de minutos sin éxito. Al final la conexión se hizo posible.

– Aquí Francesc Roux. ¡Equipo de campo X-2771! ¡Responda! -Un ruido blanco era lo único que podía oír-. Aquí Francesc Roux. ¡Equipo de campo X-2771! ¡Responda!

– Aquí Frank Ibrahinovic… -Frank respiraba con dificultad y su voz se entrecortaba.

– Ibrahinovic, ¿Me recibe? ¿Qué ocurre? Estamos recibiendo alarmas de los sensores de las colonias. ¿Puede informarnos de la situación allí?

– Señor… – a Frank se le hacía cada vez más fácil hablar-. Se ha abierto una brecha en la estructura. Parece ser que es… era un depósito de… -la voz de Frank se mezclaba con el ruido de la conexión.

– ¡Ibrahinovic! Estamos recibiendo unas medidas de radiación fuera de lo normal. ¿Puede por favor confirmarnos el origen de la misma?

– Ha comenzado a salir de esa cosa… Está por todos lados… – Frank comenzó a jadear y a toser con fuerza-. ¡La gente está muriéndose aquí! ¡Tienen que sacarnos de aquí…! -La conexión se perdió.

– Francesc, ¿qué ocurre? -James saltó hacia el puesto de Francesc.

– Los sensores de radiación de las colonias lunares están fuera de la escala. Debemos evacuarlas ahora mismo. Parece ser que la causa es un vertido proveniente del interior de la estructura.

– Pero ¿cómo puede ser? ¿Cómo ha podido abrirse así… sin más? -James sabía que algo no era normal.

– No es momento de buscar explicaciones, señor Goldwart -le interrumpió Isaak-. Pongan en marcha el plan de evacuación de las colonias y recemos para que el máximo número de colonos pueda llegar aquí sin secuelas.

– ¿Radiación? -el doctor parecía haber comprendido algo-. Puede ser lo que le faltaba al mensaje.

Francesc ordenó la evacuación de las colonias y se acercó con la cara desencajada a la mesa del doctor.

– Si el cofre contenía algún tipo de deshecho o sustancia tóxica… radioactiva… puede que tenga una traducción final del texto inicial. -El doctor hizo unas rápidas modificaciones en su pantalla y mostró el siguiente mensaje:

Abandonamos en esta cárcel eterna la tecnología que ha matado a nuestro pueblo, para que nuestros hijos no conozcan el sufrimiento de la energía nuclear. Volvemos a la vida de nuestros antepasados, destruimos nuestros registros y ciudades y regresamos a la naturaleza que nos creó.

– ¿Energía nuclear? -Isaak parecía decepcionado.

– ¡Pues claro! -James comenzó a verlo todo claro-. La civilización que dejó el cofre no era superior a la nuestra… ¡sino que estaba la mismo nivel! La diferencia es que ellos pasaron posiblemente algún tipo de desastre nuclear que casi termina con la raza humana. Por eso abandonaron todos los restos radioactivos de los que disponían y se aseguraron de que nadie los encontrase.

– Puede que tenga razón -comentó el doctor-. Según dice, abandonaron la tecnología para volver ser pastores y recolectores. La tecnología casi les destruye, así que decidieron borrar de la historia todo rastro de su existencia y asegurar así la supervivencia de la humanidad viviendo de nuevo como sus ancestros. Lo único que no pudieron borrar es su rastro en la escritura de civilizaciones posteriores.

– Entonces, doctor -dijo James poniendo su mano alrededor del hombro del doctor-, creo que ha encontrado lo que ha estado buscando todos estos años: la lengua de Adán.

– Enhorabuena doctor -se volvió Francesc hacia James y Omer-. Sólo siento que el precio se su descubrimiento haya sido el de tantas vidas de colonos lunares, por no decir que será imposible por el momento la construcción de la lanzadera interplanetaria.

– Parece ser que nosotros -dijo James mientras se volvía hacia Isaak-, tampoco estábamos tan preparados como parece para afrontar la responsabilidad de esta tecnología.

FIN

Anuncios
Categorías:relatos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. 05/10/2009 en 8:27 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: