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Notas sobre “El Ojo de Apolo”

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El Ojo de Apolo fue para mi un experimento. Me había marcado el reto de de hacer ciencia ficción ambientada en el pasado, pero sin caer en la fantasía ni en los robots en la edad media que se hicieron tan famosos en los 80-90. Para ello lo más interesante fue encontrar un hecho que para los habitantes de una época pasada hubiese parecido ciencia ficción o brujería, aunque podría haber sido totalmente posible contando con el conocimiento y la tecnología del momento.

Durante la búsqueda de algo que pudiese encajar en esta descripción me acordé de un programa que vi en la televisión hace mucho tiempo y que retomaron los Cazadores de Mitos en uno de sus capítulos: el rayo de la muerte de Arquímedes.



Durante el sitio de los romanos a Siracusa, Arquímedes desarrolló una serie de elementos militares defensivos, entre ellos el documentado en las crónicas como “La Garra de Arquímedes“, que consistía en un sistema de poleas que lanzaba a las embarcaciones romanas contra las rocas de los acantilados.

También, aunque menos documentado, es el el uso de los escudos de los soldados griegos para concentrar la luz del sol en un punto y hacer arder los barcos romanos. Sin embargo, en Los Cazadores de Mitos decían que era poco probable que hubiese funcionado, ya que era necesaria una gran coordinación y mantener todos los rayos reflejados en un mismo punto de manera continuada, cosa que con un barco en un mar con oleaje resulta muy difícil.

Estudiando a Arquímedes, descubrí que fue un matemático excepcional y entre sus descubrimientos estaba el estudio de las propiedades de la parábola. Esta forma es la que utilizan las antenas parabólicas para concentrar la señal en un mismo punto. ¿Y si hubiese utilizado la parte posterior de escudos pulidos para concentrar mejor la luz? Pero entonces aún tendríamos el problema de dirigir efectivamente el rayo.

Entonces se me ocurrió la idea de un sistema de lentes, una que concentrase el rayo, igual que una lupa concentra los rayos del sol y es capaz de quemar el papel, y otra lente que dirigiese ese rayo hacia los barcos. Esto crearía una forma antigua de luz concentrada con un poder enormemente destructivo pese a su primitiva tecnología. Las lentes se conocen desde hace 3000 años, mucho antes del sitio de Siracusa, en el 212 A.C. y con los conocimientos de geometría de Arquímedes es posible que pudiese haber llegado a esta destructiva solución.

En la actualidad un grupo en Uzbekistán ha conseguido un láser de 1MW de potencia con una técnica similar de concentración de rayos solares, lo que nos da una idea del poder que puede llegar a tener este tipo de técnicas.

Espero haber conseguido mi objetivo, y contar una historia que podría haber sido ciencia ficción en el pasado y sin haber destrozado excesivamente ni la historia ni la tecnología accesible en el lugar y momento en el que de desarrolla la historia. Y sobre todo, espero que os haya gustado el relato 😉

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