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Notas sobre El Genio

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[Atención: spoiler a partir de aquí.]

En el relato de El Genio quería hacer una algo que de vez en cuando hacía Philip K. Dick en sus relatos de ciencia ficción. La actualización de relatos clásicos, como por ejemplo, el diluvio universal, el dragón guardando un tesoro o el propio relato de la resurrección de un profeta. Estos relatos me gustan porque da un punto de vista nuevo a historias que todos tenemos en nuestro subconsciente y hemos escuchado desde pequeños. ¿Cómo se contaría ahora el relato de la Iliada y la Odisea? ¿O el relato de Aladín y el genio encerrado en la lámpara? Eso es lo que quería experimentar en este caso.

La verdad es que no es una actualización del relato de Aladín, propiamente dicha, pues el original es mucho más complejo e implica una historia de traición, un esclavo que se rebela contra su amo, etc. Lo que me atraía realmente de esta historia era la idea de los genios.

En la tradición de los pueblos de oriente medio existe la creencia en unos seres que habitan en las cosas y en los lugares llamados Djinn. Estos seres continúan en la tradición de los países islámicos. De hecho, Satán en la tradición islámica no es un ángel caído, sino un genio. Como curiosidad, pueden confundirse entre los humanos y la forma de distinguirlos es porque tienen los pies vueltos al revés.

Esta idea animista de seres o espíritus que habitan en cosas se me ocurrió que tenía un paralelismo con los el paradigma de agentes móviles existente en informática. Normalmente un programa informático se ejecuta en una máquina (ordenador) y puede pedirle información a otros programas que están ejecutándose en servidores. Sin embargo los agentes móviles son programas que “saltan” literalmente de un ordenador a otro. Pasan de estar en ordenador a estar en tu móvil, en el servidor del banco o en la televisión. De hecho, es gracioso que en la película “Matrix” el “agente” Smith es un programa que pasa de una persona a otra “infectándolos” y metiéndose en ellos. A cualquier informático que ve la película le hace gracia este guiño a los agentes móviles.

En el futuro, la verdad es que me parece poco probable que se popularicen los agentes móviles, aunque no imposible. Para ello se necesitaría una estandarización de los sistemas o lenguajes interpretados independientes de la máquina en la que se ejecutan. Es posible que la nube y los sistemas operativos basados en exploradores web podrían ser un buen punto de partida. Además, los agentes móviles podrían llevar firmas digitales que identificasen al propietario del agente, permitiendo hacer transacciones seguras con bancos, gestiones oficiales o controlar aparatos de nuestra propiedad.

Además de los agentes móviles, en el relato aparecen las redes neuronales. Esta técnica de inteligencia artificial es muy sencilla y sorprendentemente eficaz. Se basa en una matriz de valores que dada una colección de entradas da una salida. Estos valores se obtienen entrenando la matriz con anterioridad con valores de entrada y salida conocidos.

¿Para qué sirve? Básicamente para reconocer patrones. Por ejemplo, si tenemos una planta de clasificación de frutas (manzanas y melocotones, por ejemplo), podemos poner una cámara y una red neuronal que apunte hacia la cinta y distinga qué fruta es para mandarla a una cesta o a otra (independientemente de la posición, tamaño, forma o estado de la fruta a reconocer). Estas redes neuronales están presentes en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo en el sistema de reconocimiento de matrículas que hay en casi todos los parkings o los sistemas de reconocimiento de voz.

En realidad, nuestro cerebro no es mucho más que eso. Una extraordinaria máquina de reconocimiento de patrones que nos ayudan a identificar cosas buenas o malas para nuestra supervivencia. Siempre me he preguntado qué pasaría si se hiciese una red neuronal lo suficientemente grande. Quizás esta es la parte más de ficción del relato. Las predicciones de singularidad tecnológica dicen que es posible que un sistema distribuido “despierte” como una conciencia viva en el mundo digital. Pero el paso para conseguirlo no creo que sea algo programado o anunciado solemnemente por la comunidad científica.

Seguramente nadie se de cuenta en el momento de que algo nuevo a aparecido. Seguramente no pensará como nosotros. No tendrá nuestros instintos, ni tendrá las mismas motivaciones. Quizás su única motivación sea recopilar información, o crecer e infectar otros equipos, o simplemente no dejar de ejecutarse.

¡Espero que os hayáis disfrutado con este relato de ciencia ficción!

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