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Extra-Machina: Costas

COSTAS

Un gran muro con una inscripción se levantaba ante ellos:

EXTRA-MACHINA (Fuera de la máquina)

1- EXTRA-MACHINA nadie tiene pasado, sólo presente y futuro.
2- EXTRA-MACHINA sólo tiene cabida lo que no es controlado por ella.
3- EXTRA-MACHINA la única moneda de cambio es tu tiempo y conocimiento.
4- Lo que nace EXTRA-MACHINA nunca podrá entrar en ella.

– Bueno, ¡Por fin hemos llegado! -dijo Alex con una sonrisa.

Costas miró a su alrededor. Tras andar por el camino de tierra habían llegado a una colina junto al mar. Estaban ante lo que parecía una antigua fábrica con muros de ladrillo, posiblemente de mediados del siglo XX, aunque bastante bien conservada.

– Venga, entremos -dijo Alex mientras doblaba la esquina del edificio y abría una gran puerta metálica.
– ¡Alex! ¿Cómo estás? -dijo un hombre corpulento de unos 50 años desde un patio interior al que llevaba la puerta principal.
– ¡Hola J! ¿Cómo va todo?
– Bien. De hecho, estaba deseando que aparecieses. Uno de esos androides tiene problemas y no hay mucha gente que tenga tus manos con esos bichos.
– ¿Cuál es que se ha roto esta vez?
– El batería. Hoy viene un tipo y quiere a Paul, Jorge y Ringo. Como no tenemos muchos que toquen la batería es el que más usamos…
– No te preocupes, J. Llevo a mi amigo a la biblioteca y le hecho un ojo a Ringo.

Costas siguió a su compañero de piso y guía a través del patio.
– Alex, ¿desde cuándo vienes por aquí?
– En primero de carrera quería programar mis propios bio-circuitos. No podía pagar la licencia de los programas que usamos en la universidad, así que un amigo me trajo aquí. ¡Como ves, exactamente igual que tú!
– ¿Y sueles venir mucho?
– Al principio venía mucho a unos talleres que suelen hacer, incluso di alguno de bio-electrónica. Ahora no tengo mucho tiempo, pero cuando puedo me acerco a echar una mano con los androides.

Tras cruzar el patio atravesaron una puerta y se encontraron en el interior de un gran cuarto llego de armarios de servidores y pantallas antiguas tipo LED.
– ¡Hey, hermano! -gritó alguien desde el fondo de la sala.
– ¡Caffeine! ¿Cómo estás, brother?
– Bien. ¡Hace mucho que ya no vienes a verme!
– ¡Je, je! Mira, Caffeine, te traigo un colega. Es Costas, de Grecia. Estudia Bio-electrónica, como yo. Pensé que quizás le podías enseñar alguna distro libre de esas que tienes para placas.
– ¡No hay problema! ¡Pero después nos tomamos unas cervezas! Invito yo.
– ¡De coña, bro! -dijo mientras hacían chocar sus nudillos. Tras ello, dio media vuelta y desapareció por la puerta.
– Bueno, amigo -dijo Caffeine volviéndose hacia Costas-. ¿En qué estabas pensando?
– Pues estaba pensando qué demonios es este sitio -dijo mirando a su alrededor teniendo la sensación de estar en un museo.
– Estos son los servidores de Extra-Machina. Al menos de nuestra base de Barcelona. Es nuestra biblioteca. Puedes encontrar un punto de conexión inalámbrico desde el que bajarte lo que quieras.
– ¿Lo que quiera? La verdad es que no he traído mucho dinero, pero tengo un implante de crédito…
– ¡Hey, bro! Guarda el dinero. Aquí no sirve. Todo lo que hay en esta biblioteca es gratis. Nada de patentes de registro ni de explotación. Pero seguro que vienes buscando algo en concreto…
– Bueno… Yo quería hacer algún experimento en casa con unas placas bio-electrónicas y necesito un sistema para poder gestionar…
– ¡No me digas más! -Nicotine saltó ágilmente entre las sillas y mesas que poblaban la sala y activó uno de los servidores-. Explora esto.

Costas sacó su pantalla transparente del bolsillo y la apuntó hacia el servidor. Allí comenzó a ver una lista de directorios y ficheros enorme con nombres que sólo había oído hablar.

– ¿Pero esto es legal? -Preguntó alarmado.
– Amigo, todo es legal. Todo esto está registrado con licencia copyleft. Desgraciadamente, desde que la manzana compró a la Gran G comenzaron a hacer desaparecer todo lo que no tenía patente de comercialización o explotación. Al ser copyleft, no necesita patente, por lo que dejaron de indexarlos y hoy en día es imposible encontrarlos. Para ellos es una amenaza. Ni siquiera es posible acceder a los servidores de Extra-Machina desde la Maquinaria. Estamos conectados a la red, pero no dejan acceder a la gente a nuestros contenidos.
– Entonces, ¿puedo descargarme lo que quiera de aquí? -preguntó de nuevo Costas incrédulo.
– ¡Tío! ¡Estás Extra-Machina! Fuera de La Maquinaria creada por empresas, por aquellos con poder para hacer leyes sólo porque beneficia su cuenta de resultados, por aquellos que te han educado haciéndote creer que tienes que pagar por cantar, por pensar, por reír y por crear. Descárgate lo que quieras, brother.

Costas seleccionó algunas distribuciones, unos manuales y algún tutorial. Estaba realmente excitado. Pasó un buen tiempo ojeando los documentos que había disponibles y después exploró incluso algún otro servidor. Allí encontró desde novelas de los siglos XX y XIX hasta revistas, ensayos o blogs enteros archivados antes de la ley digital.

– Creo que ya está -dijo mientras guardaba su pantalla en el bolsillo.
– ¡Hey, bro! Espera… -dijo mientras buscaba algo en sus bolsillos-. Toma, esto es para ti -alargó su mano y le dio a Costas un par de monedas de cobre. Tenían un interrogante grabado en una cara y la inscripción “Xtra-Mchina” en la otra.
– ¿Qué es esto?
– Aquí no vale el dinero de la Maquinaria ni chips subcutáneos de crédito, pero tenemos nuestra propia moneda. Puedes ganar créditos si compartes loo que sabes, si nos ayudas a mantener este sitio, si tres a gente nueva, o simplemente descargando contenidos de la biblioteca. – Costas miraba entre incrédulo y asombrado las monedas-. ¿Qué tal si te vienes al bar? Creo que Alex está por allí. ¿Te gusta la cerveza casera?

Sigue aquí la serie Extra-Machina

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