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Posts Tagged ‘Sarkusa’

Notas sobre Sarkusa

23/02/2010 Deja un comentario

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Sarkusa es un relato que tenía muchas ganas de escribir. En realidad, la historia de una Zaragoza enterrada por la arena y en el que la gente vive en los sótanos y garajes de la actual ciudad era la idea principal de un videojuego que estuvimos a punto de producir hace unos años cuando trabajaba haciendo ese tipo de cosas. Al final, se desechó por una historia más infantil y adorable, aunque eso es otra historia…

Sarkusa es la evolución del nombre de Zaragoza (Zaragoza, Saragossa, Sarkosa, Sarkusa). Rodeada por el desierto de los Monegros, cuando sopla el cierzo hay días que no se pueden abrir los ojos por la cantidad de partículas en suspensión y polvo que arrastra. Si hubiese una sequía severa y el río Ebro dejase de llevar caudal al valle, la erosión y el viento harían inviable la vida en la ciudad.

Uno de los puntos más importantes de esta nueva ciudad subterránea es el Urba, el cauce seco del río Huerva. Hasta hace poco más de medio año, nadie parecía saber que el río Huerva discurre por debajo del centro mismo de la ciudad, tapado por unas enormes vigas escondiéndolo bajo la Gran Vía zaragozana. Las recientes obras del tranvía ha dejado al aire libre el inmenso túnel por el que discurre el río.

Para el relato pensé que qué mejor que el cauce seco de un río que pasa por el centro de Zaragoza para conectar los diferentes garajes, sótanos, parkings y alcantarillas que sirven de calles y viviendas para la nueva comunidad subterránea. Sin embargo, la idea de una ciudad subterránea autosuficiente no es nueva. En la Capadocia turca hay varias ciudades. Yo personalmente estuve en varias (como por ejemplo Derinkuyu) y es realmente asombroso cómo hace siglos fueron capaces de escavar tantos niveles bajo tierra y unos túneles tan complejos y extensos que eran capaz de conectar varias ciudades similares que se encontraban a 20 y 40 kilómetros de distancia.

Siempre me pregunté como sería una ciudad subterránea en la actualidad. Quizás el reto más importante sería conseguir comida y agua. En en relato se resuelve esto mediante un sistema de reutilización del agua de la ciudad y mediante el cultivo de plantas ayudándose por LEDs que aportan la radiación y luz necesaria.

El hilo principal de la historia tiene como fondo una intoxicación por plomo. Este metal pesado ha estado presente en muchos momentos de la historia, desde la caída del imperio romano, hasta la aparición de las primeras conservas en lata. Sin embargo, aunque en estos momentos todo el mundo sabe y es consciente del riesgo de la intoxicación por plomo, hasta hace no mucho se seguían haciendo tuberías en las casas con este metal y es muy probable que una sociedad en la que sólo quedan lo más pobres y con menos recursos, a lo largo de varias generaciones se haya olvidado este peligro e incluso se ignore, utilizando este metal sin restricciones por su gran maleabilidad y facilidad de trabajo con él.

Por último, la forma de generar electricidad es a base de unos anemómetros que funcionan como dinamos en serie que generan un potencial suficiente como para alimentar los LEDs de la ciudad. Para conseguir una velocidad más o menos constante, pensé en añadir un contrapeso circular pesado que le diese inercia, evitando acelerones bruscos y paradas. Estos contrapesos estarían hechos de plomo, que es pesado y serviría perfectamente para este propósito.

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Sarkusa (III): Sobre el Urba

21/02/2010 1 comentario

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Anteriormente: Sarkusa (II): Bajo los túneles

III – Sobre el Urba

El calor era abrasador y el sudor que caía por la cara y la espalda de Jean hacía que reviviera el dolor de sus heridas con un escozor salado. Con la manga del mono se frotó la frente y la cara, arrancándose parte de la sangre seca que cubría sus heridas dejándolas de nuevo al descubierto.

– Lux, -dijo volviéndose al joven- debo hacer unas reparaciones en el Palacio de Gobernación. Había venido a por algo de cable, pero me he perdido. ¿Cómo puedo llegar de nuevo al Urba?
– Es fácil. Sólo tienes que seguir los canales de agua.
– Claro… Será mejor que me vaya, me estarán esperando. -Jean de dio la vuelta y comenzó a cruzar la sala llena de calderas en la que estaba.
– ¡Espera! -La sangre de Jean se heló por un segundo. Tuvo la tentación de correr, pero el miedo la paralizó-. ¡Te olvidas el cable! – Jean cerró los ojos y lanzó un suspiro.
– ¡Claro! ¡Pero qué tonta soy! -Dijo volviéndose hacia Lux intentando que no se notase el temblor de sus manos y piernas.
– ¿Quieres que te ayude?
– No, sólo es un poco de cable. Es una urgencia y…
– Sí, ya sé como son esas cosas -dijo el muchacho sonriendo-. ¡Será mejor que no te entretengas!

Jean entró en la habitación de la que habían venido y cogió en la penumbra un rollo de cable de un par de metros. No podía creer lo que estaba haciendo. No tenía un plan, ni sabía lo que iba a hacer una vez que llegase a Chavier, en el remoto caso de que pudiese entrar en el Palacio de Gobernación sin que los guardias la cogiesen primero. Leer más…

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Sarkusa (II): Bajo los Túneles

07/02/2010 1 comentario

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Anteriormente: Sarkusa (I): Bajo la Arena

II – Bajo los Túneles

Un escozor en el pómulo despertó a Jean. Casi no podía abrir los ojos de lo inflamados que los tenía y notaba como sus rodillas y espalda palpitaban con un dolor sordo y constante. Se incorporó un poco y a contraluz pudo ver el rostro de una mujer gruesa y entrada en años que sostenía un algodón ensangrentado y un bote de alcohol.
– No te muevas, cariño -dijo con tono maternal-. No deberías levantarte aún. Trata de descansar.
– ¿Dónde estoy?
– Estás en Sarkusa, querida.
– No… ¿Qué es este lugar? -Jean intentó forzar sus ojos para abrirlos lo suficiente como para poder ver en la penumbra que había en la habitación.
– Esto es un antiguo hospital. Y el único sitio donde aún queda algo para tratar los cortes y heridas que tengo que curar habitualmente. O al menos, es lo único que sé como utilizar.
– Creí que el hospital estaba abandonado -dijo Jean dejándose caer de nuevo sobre su espalda con un gesto de dolor al sentir de nuevo los moratones.
– Este es otro hospital, cariño. Antes solía servir para enseñar a los futuros médicos, dentro de la universidad… Si por lo menos hubiesen dejado algo más antes de irse…
– Me duele mucho la cabeza -dijo Jean cerrando los ojos intentando recordar por qué se encontraba en esa situación.
– Duerme un poco querida. Lo vas a necesitar.

Jean volvió a abrir los ojos. No sabía si habían pasado cinco minutos o varios días. Se incorporó con cuidado y pudo notar que la mujer con la que había hablado ya no estaba. Se encontraba tumbada en una especie de camilla antigua en una habitación con muros de hormigón y una puerta de madera. Las paredes estaban desnudas. No había nada salvo la camilla en la que se encontraba y un pequeño retrete en una de las esquinas.

Jean trató de bajar de la camilla, pero al apoyarse notó un tremendo latigazo en su mano derecha. Tenía el meñique y el anular rotos, y un profundo corte en la palma de la mano. Desistió y permaneció tumbada en la camilla tratando de averiguar cómo había llegado allí. Leer más…

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Sarkusa (I): Bajo la arena

30/01/2010 1 comentario

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I – Bajo la Arena

El ruido del autocóptero se fue apagando poco a poco mientras se alejaba perdiéndose entre la tormenta de arena. La misma arena que golpeaba el traje y la piel de Jean y que de no ser por la mascara de respiración entraría en su nariz y boca haciendo imposible respirar. Entre las cajas que había dejado el autocóptero estaban también sus botellas. 12 Litros de agua era el requisito que había puesto el gobernador para poder entrar en la ciudad subterránea de Sarkusa. Estaba comprobando que habían llegado en correcto estado, intentando orientarse en medio del vendaval de viento y arena que la golpeaban por todas partes cuando distinguió una silueta a unos pocos metros de ella.

– ¿Doctora Jean Jeamene? -grito la silueta.
– ¡Soy yo! -Por mucho que gritara parecía imposible comunicarse en esas condiciones. La arena que la golpeaba por todas partes no la dejaba ver más allá de sus brazos y se le hacía muy difícil moverse a causa del viento.
– ¡Por favor, sígame! ¡Nuestros hombres se ocuparán del cargamento! -Dijo la silueta cogiéndola de un brazo.

Tras unos pocos pasos a tientas entre las cajas llegaron a una puerta metálica. Al atravesarla varias personas desde el interior la cerraron y sellaron hasta que dejó de entrar arena a través de las juntas.

– ¿Doctora Jeamene? Por favor, déjeme que me presente -dijo el hombre que la había recibido en la ventisca-. Soy Chavier Muel, gobernador de Sarkusa. Ante todo, muchas gracias por haber respondido a nuestra petición, y sentimos el transporte, pero debemos aprovechar estos días de poco viento y aún así el autocóptero es el único vehiculo capaz de llegar hasta aquí.

Chavier se quitó la máscara de respiración y Jean pudo ver a un hombre mayor, con aspecto cansado, pero con una mirada penetrante que sólo se consigue con años de trabajo y sacrificio. No tenía pelo en la cabeza, pero tenía una poblada barba blanca y unas cejas largas que sobresalían por encima de unos pequeños ojos grises.

– Señor Chavier, para mí es un honor poder visitar la ciudad de Sarkusa -dijo Jean-. Sólo espero poder servir de alguna ayuda a su comunidad. ¿Podría darme más detalles de por qué me han llamado?
– Claro que sí, pero esto será mejor discutirlo en la Sala de Gobernación. Permítame que la conduzca a ella.

Con un gesto Chavier invitó a Jean a bajar por unas escaleras que había un poco más adelante. Comenzaron a bajar y Jean pudo ver en la penumbra unos vestíbulos y pasillos enormes que se extendían a ambos lados de las escaleras. Leer más…

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